martes, 7 de agosto de 2007

Introducción

A pesar de la excesiva rigidez mental con la que a veces planteo mi vida y, que, por tanto, aplico al hecho de organizarme para escribir mis libros, resulta que yo mismo estoy muy sorprendido porque he escrito este sin planearlo.

Este libro no ha nacido de mi voluntad ni de mi razón. Es un regalo que recibo con alegría porque realmente necesito trabajar mi actitud respecto a mí mismo y respecto a los demás. Y voy a aprovechar este trabajo en la actitud para insistir en centrar mi mente de manera que sea una con el resto del universo.

Pero, ¿por qué hemos de tener una actitud concreta? Porque nuestra mente siempre está al servicio de nuestra voluntad. Y mi voluntad, o la tuya, únicamente puede establecerse en dos actitudes: Servir al cuerpo o servir al espíritu.

La consecuencia directa de poner tu mente al servicio de tu cuerpo es que te crees distinto y separado de los demás, por lo que te conviertes en conflicto y en alguien gobernado por el miedo y la ira.

Si eliges que tu mente esté al servicio de tu espíritu, te crees igual a todos tus semejantes, uno con todos ellos, y rodeado del amor esencial que dirige a todo lo vivo. La paz, entonces, está contigo.

Y sólo hay una forma de elegir una de estas dos percepciones: Tal como ves a los demás, crees que eres tú.

Si consideras que estás rodeado de personas que no te entienden, que son ignorantes, que no saben llevar su vida y que sólo merecen desprecio, se instala en ti la creencia de que estás obligado a vivir en constante sufrimiento por haber perdido el amor.

Mas si crees que te encuentras acompañado por personas que viven lo que tú vives, y que te apoyan y que necesitan de tu apoyo, estarás pasando por alto en el prójimo lo ficticio, cambiante y, por tanto, irreal e inexistente, a cambio de percibir lo común, eterno y santo.


ESTRUCTURA DE ESTE LIBRO

Como puedes comprobar, este libro está dividido en seis capítulos distintos, aunque todos dirigidos a conseguir el mismo fin: Que te veas a ti mismo como en realidad eres.

Cada capítulo está dividido, a su vez, en siete partes, con el fin de que centres tu ser en una actitud concreta durante todos los días de una semana.

El trabajo para cada día está dividido en tres partes:

1. Cita, como introducción.
2. Ejercicio para la práctica diaria.
3. Texto de situación mental.

A través de las citas puedes observar que la actitud a trabajar pertenece a todas las tradiciones místicas, inmersas o no en las grandes religiones.

Con los ejercicios para la práctica diaria tienes un recordatorio de la verdadera esencia, inocente y santa, de tu ser. Y aunque en algunos ejercicios no se recomienda, alterna tus prácticas diarias con periodos de tiempo en que te dedicas a estar tranquilo, sentado o paseando lentamente, y a respirar profundamente.

Lee el texto final varias veces al día. Si te apetece, amplia el contenido de estos textos comparándolos con otras observaciones, estudios o métodos, pues la finalidad de estos textos es de que tengas razones suficientes que apoyen tu actitud de unidad contigo mismo y con los demás.

Cuando elijas entregarte a alguno de estos trabajos en la actitud, interioriza cada momento de esa semana, vive cada segundo con la alegría de que has llegado a lo que no sabías qué era y que tanto buscaste.

Así, puedes considerar a este libro con la unidad de que, en conjunto, te puede ayudar a sanar todos los aspectos de tu creencia en la separación y, también, con la decisión de que puedes entregarte a algún aspecto determinado cuando crees necesario perfilar alguna de tus actitudes.

Repartida por todo el libro se repite esta variante de la oración del corazón, de la también llamada la oración de Jesús:

Santo hermano, ten piedad de mí.

Utilízala a cada momento en tu semana de trabajo, tenla en tu mente constantemente, hazla tuya. Y piensa que la diriges a todos tus hermanos, a todos tus semejantes, tanto a aquellos grandes profetas que decididamente han guiado a la humanidad como a toda persona que encuentras pues, únicamente, tú eres siendo uno con todos.


ARGUMENTO

A mí, la infancia me duró hasta que cumplí los 33 años. Y, ¿por qué? Pues porque entonces me atreví a mirar a la cara de toda persona que llegaba a mi vida. Y a entregarme con el convencimiento de que, por el simple hecho de ser, cada persona merece el más alto reconocimiento. Así fue cómo encontré la maravilla mayor de este mundo: Cada encuentro.

Y, cada día, vivo el gozo de esa maravilla con todos mis semejantes en la comunicación, en el hacer juntos, sin importar el qué hacemos y otorgando una especial atención a la actitud con que nos encontramos y hacemos.

Y he descubierto que esta actitud de darme, de reconocimiento incondicional hacia cada persona, borra los límites que yo me he impuesto por el miedo a reconocerme a mí mismo y que he manifestado a través de juzgar a los demás y de la ira.

Para mi propia sorpresa, he encontrado un mundo que también está en este que creemos vivir con desesperanza. Y no es que ese mundo sea nuevo ni nos sea velado por algo en especial, sino que no lo vemos porque no lo hemos decidido aún.

Esta es la buena nueva: Con tu actitud diaria en tus encuentros con cada persona, estás conformando tu mundo. Elige, pues, en qué mundo quieres vivir y practica la actitud adecuada para llegar a él.


EL RECUERDO DE LA PAZ

Me considero afortunado porque no te estoy proponiendo nada nuevo, ni me hago ilusiones de que las creencias que aquí te recuerdo sean mías. No.

Yo he escrito este libro como un acto de fe. Estoy convencido de que todos hemos nacido porque este mundo nos corresponde pero, también, estoy seguro de la causa por la que estamos aquí: Para conectar eso que nos parece fuera de nosotros con nosotros mismos y para construir unidad donde nos parece ver desgarramiento y separación.

Pero esto no es nuevo, porque este mensaje precisamente siempre nos lo han dado todos los hombres y mujeres, de todas las culturas, que han vivido la iluminación al conectarse a esa Unidad.

Algunos de los más señalados habitantes de este planeta que vivieron y experimentaron ese fluir con todo lo vivo fueron Buda, Jesús y el profeta Mohamed. Ellos, con el ejemplo de sus mismas vidas, nos señalaron una actitud, una voluntad de comportamiento adecuada a la plena realización de nuestras ansias de transcendencia.

Y, porque creo en la dirección que ellos nos señalaron, he entendido en mí mismo la desnudez de la fe.

Quiero despejar mis dudas, mi compromiso conmigo mismo, mi aceptación de los demás. Y este conocimiento ha sido la luz para místicos, profetas y monjes iluminados que nos precedieron. Este es el medio que me permite recuperar la paz perdida, esa paz que me pertenece simplemente por ser y que me dirige a reencontrarme.


AGRADECIMIENTOS

Entiendo que un impulso al que no conoce mi lógica humana me ha dirigido, con sorprendente facilidad, para escribir este libro. A esa energía, que a mí me llega plenamente a través de Un Curso de Milagros, agradezco estas páginas porque para mí son una excelente oportunidad de dirigirme a lo que en verdad yo soy.

Mi clara gratitud, siempre, a Paco Palma, Ana Criado, Alberto Ferrer, Juan Clavero y Trinidad López por sus consejos y correcciones al texto final.

También agradezco a Pepe, Brahim, Saadía, Manale, Mohamed y Abderrahmán, mis amigos de Trance Nuevo, y a Lola y Nicolás, mis amigos de El Charche, el maravilloso acogimiento en sus respectivas casas durante el tiempo en que he escrito este libro.

Agradezco a toda mi familia su constante entrega. Y, en el Ejido, agradezco tanto desinteresado apoyo al personal de López y Alcázar Constructores y al personal de Izquierda Unida.

Y te agradezco a ti, que ahora tienes este libro entre tus manos, la oportunidad de poder compartir una creativa actitud en nuestras vidas.

No hay comentarios: